A año muerto, año puesto. Me da a mi que no era así, pero algo tiene de verdad esta variante del refrán porque no nos vamos a engañar, todo el mundo empieza el año bien puesto. Pastillas, farlopa, alcohol, mazapanes y polvorones convierten la fiesta de fin de año en un orgía etílico-gastronomica. Y por este orden. Etílico y gastronómico.
– No, yo es que no tengo mucha hambre
Coño pues claro, si te has soplado 3 vols de whisky y media de cava y todavía no hemos empezado con la pitanza.
Hoy hablando por el msn con un amigo me comentaba que su fiesta de fin de año no estuvo mal pero que no pasará a la historia. Con lo que yo le he dicho que coincidía con él. Hubo fiesta pero no fue la requeteostia. La requetehostia fue el 12 a 1 que le endosamos a Malta.
Yo es que creo que esto tiene que ver con la edad. Como los pelos en las orejas o que te gusten los telediarios.
Cuando uno es joven, más joven me refiero, cuando uno es un experto ingenuo, un aprendiz de la vida y un maestro de la fanfarronería es cuando la fiesta de fin de año se convierte en la fiesta del vale todo, del voy a ir a tope. Barra libre de bebida, de drogas y de titis. Aunque ir a tope en las dos primeras haga que las probabilidades que tu fiesta termine con titis tienda a cero. Y como muchos sabemos que de todas formas sin bebida y sin estupefacientes hay más probabilidades que sufras una picadura de una mosca tse-tsé en el prepucio, pues la cosa estaba clara.
Otra cosa que destaca en esa etapa, además de que puedas llegar como quieras, es que puedes llegar cuando quieras. Ese día tus padres no te ponen hora.
Y si por algo nos caracterizamos los humanos es por tener memoria selectiva, y siendo así, el recuerdo de la apoteosis de los fines de año pasados hace que la fiesta de fin de año tenga la presión añadida de "ésta tiene que ser la mejor noche del año". Pero como ya somos adultos (aunque sólo sea por edad) y podemos ponernos tibios y llegar tarde cada finde, pues esto hace que la fiesta de fin de año sea como un fin de semana cualquiera pero con la diferencia que, en el mejor de los casos, todo te cuesta el doble. La cerveza cuesta el doble, el cubata cuesta el doble... y bajarte la bragueta cuesta el doble.
En resumidas cuentas, me lo pasé bien pero esta fiesta de fin de año no pasará a la historia. Pero tampoco lo pasará ninguna de las fiestas del día de la Hispanidad.
Como diría Jesús Mariñas... feliz 2008. ¡Por el culo te la entocho!