"Somos lo que comemos". Qué gran frase. ¿Quién no la oído alguna vez? Como también hemos oído esa que dice "Cagamos lo que comemos". Así pues, y aplicando lógica aplastante, tenemos que: somos lo que cagamos. Así, tal cual, como lo oís. Y el otro día hice una cagada... que si yo tengo algún parecido con eso, apaga y vámonos. La madre que me parió, que cosa más fea. ¿Por qué el cuerpo tiene estas cosas tan feas? Pues no sé, pero las tiene.
Y es que a algunos el cuerpo les hace millonarios, como a la Schiffer, por ejemplo. O al Roldán. Bueno, a él le hizo millonario el cuerpo de la Guardia Civil. Pero lo que es al resto, el cuerpo nos hace un montón de putadas.
El sábado pasado entro en el ascensor. En eso que me vienen unos retortijones en estado gaseoso... Pues ná, como iba sólo, pues me aligeré el intestino. De repente, se para el ascensor en el segundo que quería subir la vecina. Yo ya me olía que se iba a dar cuenta. De hecho ella también se lo olía.
– Oye perdona, pero... menuda peste, ¿no?
– Me parece que han sido los del cuarto que han sacado a pasear el perro.
– Pues habrán sacado a pasear una mofeta. ¡La madre que me parió, vaya tufo!
Ea, todo solucionado. La culpa pa los del cuarto. Ahí todavía tuve suerte y salí del apuro, pero luego pillo el coche y... venga, me viene otro retortijón... Prrrrrffffftttt... ¡Se abrió hasta la guantera! Me paro en el paso de peatones y resulta que el peatón era un amigo mío al que hacía tiempo que no veía. El incauto se me acerca, yo que bajo la ventana y... Ffssssshhhtt... Pobre chaval, recibió una bocanada tóxica que le teñí pelo y cejas. Sólo le faltó decir "Porque yo lo valgo". Y suerte que mi colega no fumaba, porque sinó mi Renault Clio se hubiera convertido en un Renault Fuego. Aún todo, mi amigo se fue emocionado de verme. Le vi los ojos llorosos.
Debéis pensar "Joder Stormvlad, eres un guarro". Sí, vale, pero... ¿quién no se ha tirado alguna vez un pedo? Sobretodo en esos momentos de soledad, estirado en la cama y a punto de dormir. Te sueltas uno y luego te tapas con la colcha hasta arriba y tu cara esboza una amplia sonrisa como pensando "Joder, soy la puta caña".
Y es que a veces uno no sabe si dejar fluir ese desasosiego interno o reprimirlo, más que nada por educación, porque sinó eres un guarro, claro. Pero si Leo Bassi se dedica a esparcir mierda con un ventilador de 500 wattios eso es arte. Manda huevos...
El único lugar donde nos está permitido dar rienda suelta a nuestra musicalidad es en el lavabo. Bueno, con la condición que estemos solos, porque, si por ejemplo estás en un wáter público y entra alguien, entonces a todos nos coge la tos... cof, cof, cof... Pero es que la otra opción es todavía peor. Tirarse un pedo sentado en la taza del wáter, con esa forma de embudo que tiene, hace un efecto como de amplificador, dándole una tonalidad más grave y como con eco, como si proviniera del mismísimo infierno. A ver, señores ingenieros de tazas de wáter, ¿no os ensenyaron que esa forma de embudo tiende a amplificar? ¿No habéis visto nunca una antena parabólica o qué?
De hecho, reprimirse un pedo no parece mucha mejor opción. Cuando te aguantas un pedo puede pasarte eso tan desagradable que se oye como un silbido interno que te recorre todo el organismo, desde la tráquea hasta el duodeno, que te tiembla hasta la campanilla, que el del lado se te queda mirando "Ostias, ¿qué ha sido eso? ¿Tú no serás ventrílocuo?" Sí, será eso, pero de momento solo domino la mitad de la técnica, la que hace de vientre.
Otras veces te reprimes porque directamente te ves obligado, porque piensas "Es que si lo suelto me cago". Y efectivamente, va y te cagas.
– Mamá-mamá, ¿tú sabes si los pedos pesan?
– No hijo, los pedos no pesan.
Pues véte preparando el Viakal, un punzón y el Chillit Bang que aquí hay trabajo serio de carpintería. Y ves a tu madre, con el traje de buzo, cogiendo con la aguja de hacer ganchillo los calzoncillos... bueno, los calzoncillos y todo lo que haya entrado en contacto con la mancha de chapapote... "Salen unos hilillossshhh..." como diría Rajoy. Muy bien Rajoy, pero es que cada "hilillo" contiene toxinas para matar a una manada de búfalos.
Siempre y apelando a nuestra salud podemos justificarnos diciendo "Mejor tirarse un pedo que rebentar", que tú dices: Muy bien chavalito, por mi no te cortes. Puedes rebentar.
Ah, y que no se os olvide alertar a vuestra madre de los peligros de tirarse un pedo con el traje de buzo puesto.